Viernes, 25 de Abril de 2014

Ocaña - Norte de Santander

Ocaña es un Buen “Vividero”

Aunque la “Villa de Caro”, no es ajena a la violencia que azota al país, se puede afirmar, que es una de las poblaciones más tranquilas y agradables de Colombia.

Complejo Histórico de la Gran ConvenciónAsí lo reconocen propios y extraños, porque en esta tierra se produce un extraño y atractivo fenómeno geográfico: es ciudad, por las comodidades que se disfrutan y pueblo por las tradiciones familiares que se conservan, junto con la solidaridad de sus moradores.

El grado de “ocañeridad” y de amor por el terruño se acelera cuando la nostalgia invade a las personas que parten a otros lares en busca de mejores alternativas educativas o laborales.

Para los “asilados” en otras regiones de Colombia, o incluso en otros países, la meta o el sueño es, ahorrar unos pesos, bolívares, dólares y hasta euros, o en otros casos, alcanzar una pensión, para retornar a la patria chica, a vivir los años dorados.

¿Por qué tanto apego a Ocaña?, por muchas razones, pero entre tantas, por éstas:

La importancia histórica que representa para la nación. Con casi 436 años de vida, desde que el capitán español Francisco Fernández de Contreras decidió su fundación, muchos acontecimientos han contribuido con la construcción de Colombia.

El hecho más significativo ocurrió en 1828, cuando Ocaña fue sede de la Convención de la entonces Gran Colombia, constituida por la Nueva Granada, Venezuela y Ecuador.

Paradójicamente, en ese evento se disolvió la alianza de las 3 naciones, pero a su vez, en el frustrado certamen que tuvo como escenario el templo de San Francisco, se gestaron los partidos políticos tradicionales, el Liberalismo y el Conservatismo.

Ocaña ha sido también epicentro de arte y cultura, sobre todo en las letras, sobre las que hay que nombrar y reconocer a nuestras máximas figuras, José Eusebio Caro, Adolfo Milanés y Luis Tablanca.

La ubicación geográfica de Ocaña es muy estratégica y ventajosa, gracias a ella tiene comunicación con el interior del país, con la costa Atlántica y con la vecina Venezuela, circunstancia que explica las características antropológicas y sociológicas de sus habitantes. “Los Ocañeros son un híbrido”, caso especial que amerita investigaciones rigurosas, porque confluyen en ellos la cultura costeña y la –cachaca-, afirman estudiosos del tema.

Venir a Ocaña es disfrutar de la belleza de sus mujeres, del paisaje bucólico, de la buena condición de anfitriones de sus pobladores, del buen y económico nivel educativo de más de 20 centros docentes de primaria, más de 10 establecimientos de bachillerato, y de la Universidad Francisco de Paula Santander-Ocaña, con casi 3 mil estudiantes provenientes de toda la geografía nacional.

Al bajo costo de vida, a los modernos y eficientes servicios públicos, hay que sumarle un clima promedio de 24 grados centígrados. Cuando el frío acecha en las temporadas decembrinas, por una buena carretera, y a unos 60 kilómetros podemos abrigarnos con el calor tropical de la segunda ciudad del departamento de Cesar, Aguachica.

Si por el contrario, la ola calurosa propia del calentamiento global fastidia, también por cortos y adecuados carreteables llegamos a Pueblo Nuevo o Buenavista, dos poblados ubicados en las estribaciones de la cordillera oriental.

Para acceder al sitio turístico más importante de la región, el Parque Nacional Los Estoraques, localizado en el municipio de La Playa de Belén, nos desplazamos por una vía pavimentada de 30 kilómetros. Allí apreciamos un pueblo apacible, colonial, con casas pintadas de blanco y adornadas con artesanías y flores.

En sus afueras encontramos una serie interminables de montañas y rocas esculpidas por el agua, el viento y el tiempo, con formas caprichosas y misteriosas.

Todavía quedan pendientes muchas cosas bonitas por mostrar de Ocaña, quienes se sientan tentados a conocerlas, los esperamos, para que las disfruten con nosotros.

A los paisanos que se encuentran en distintas ciudades colombianas o en naciones extrañas, que vuelvan a disfrutar de este gran “vividero”.

Nahún Sánchez Castilla

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